¿Érase una vez…se trata de mi vez?

Todos nos hemos dormido arropados por las cálidas palabras de un cuento contado por mamá o papá. Y no ha sido casualidad que fuera por la noche… Quizás lo hacían para que nos relajáramos y nos quedáramos dormidos, pero en verdad, sin saberlo (¡o sí!) era para que esas palabras y sus enseñanzas se grabasen en nuestro inconsciente y que el valor que se desprendía del relato entrara de lleno en nosotros y se implantara en nuestra vida como si de lo más normal se tratara… ya que en esos momentos es cuando el niño, o nosotros, bajamos la guardia del análisis racional y dejamos entreabierta la puerta que conduce a nuestro inconsciente.

El mensaje que transmite el cuento no tiene ni el mínimo problema para entrar en esa delicada área de nuestro cerebro gracias a que habla con el lenguaje de los elementos mágicos y simbólicos que conectan directamente con nuestra esencia. Una vez en el inconsciente, este siembra una semilla dentro de nosotros que va modificando nuestros esquemas vitales, nuestros sueños, hace que seamos capaces de ver las cosas de otra forma, quizás como nunca hubiésemos imaginado de nosotros mismos.

De ese mensaje tomamos la parte que necesitamos y que normalmente corresponde a los vacíos existentes en nuestra vida o «blancos» no explicados en la historia que nos narramos.

Cuando hablamos del inconsciente, nos referimos, tal como explica el excelente grafólogo, padre de la Programación Neuro-Caligráfica, el Dr. Joaquim Valls, a un nivel más superficial que el profundo subconsciente de Freud, es decir, es el lugar donde se almacena todo lo que aún no ha pasado o ha sido procesado por la corteza cerebral, responsable de la toma de consciencia y del juicio sobre las cosas.

El cerebro, según ha demostrado la evidencia científica, no distingue claramente entre leer sobre la experiencia de un personaje de ficción y vivir esa actividad en la vida real.

Para los investigadores, una de las cosas que sucede cuando leemos es que sentimos empatía con los personajes. «De alguna manera, el cerebro simula la acción que lee», afirma Véronique Boulenger, investigadora en Neurociencia Cognitiva del Laboratorio de Dinámicas de Idioma en Lyon, Francia. Según los científicos, leer una detallada descripción sobre un personaje, puede hacernos poner en su lugar y casi experimentar sus mismas sensaciones.

También existe una superposición entre las regiones del cerebro que parecen estar involucradas en el proceso de comprensión de las historias y las que utilizamos para entender a otras personas. Según el Dr. Raymond Mar, doctor en psicología de la Universidad de York, al leer y sentir empatía con personajes de ficción se puede entender mejor a las personas en la vida real, por ejemplo, podríamos acercarnos a entender la experiencia de vivir con discapacidad si leemos un relato muy bien escrito que nos pone en el lugar de la persona que lo está viviendo.

Estas premisas son las que otorgan a los cuentos su valor terapéutico.

Los cuentos y leyendas han sido utilizados desde tiempos remotos para transmitir valores morales, éticos y culturales. Quienes desestimarían posiblemente las reflexiones morales directas pueden llegar a comulgar con ellas cuando están insertas en una narración interesante, divertida y bien contada.

En los cuentos terapéuticos se cuenta una situación conflictiva, traumática, dolorosa en la que se resuelve por diferentes maneras llegando a una conclusión facilitadora del cambio. Los personajes no nos representan de manera directa, pero si podemos llegar a compararnos e identificarnos con sus formas de hacer, de sentir y de ver la vida.

Sea como sea, lo más importante es que está demostrado que tanto en adultos, adolescentes, como en niños, es más fácil conectar con nuestro mundo emocional a través de las metáforas o del mundo mágico que subyace en los cuentos.

Uno de los efectos terapéuticos de los cuentos es conseguir que la persona se vea a sí misma como protagonista y responsable de una historia, que puede ser contada con más o menos fantasía pero que finalmente apela a los mismos problemas y conflictos que pueda haber en el día a día. Muchas veces el solo hecho de tomar conciencia de este tipo de historias puede cambiar el modo de ver y sentir la propia historia, un acontecimiento pasado y por lo tanto también el presente.

Es esencialmente esta es la intención de los cuentos terapéuticos, conectar con nuestra experiencia ante los conflictos, identificar qué es lo que está ocurriendo, cómo se relacionan los elementos que componen esta narrativa y finalmente generar otras versiones, otros significados, ofrecer otros modelos de comportamiento, otras soluciones, otros finales, «Para imaginarse mejor».

Por lo tanto, si una de las fórmulas iniciales más famosas del cuento que nos permiten entrar en ese mundo mágico es: «Érase una vez…», podemos afirmar que, al leerlo, y cuando el cuento conecte con nuestra esencia, ésta será «nuestra vez».